¿Piensas demasiado?

¿Alguna vez tuviste esta sensación apabullante? Darle vueltas y más vueltas a una frase que te dijeron, volver a buscar el origen de una intención, la clave de una opinión, el sentido de un alago, el por qué de un insulto, el “cuándo de un dónde”. Un “que creo que debería de haber hecho”, un “si no lo hago”, un “que no sé si lo mismo”, a lo mejor quizás….¡ZAS!

Una y otra vez, y el pensamiento sigue y busca más y quiere más. Es insaciable, la mente lo suele ser y nos lleva de la mano a una montaña rusa, a un espectáculo multicolor lleno de acción, del cuál no te puedes bajar ni siquiera por agotamiento. si es que releo esto y me estoy poniendo nervioso.

Pensar es grandioso, fascinante y nos ayuda a crecer y crear, a entender y poder estar en este mundo. A veces es peligroso porque nos altera, nos llena de velocidad y nos abre las puertas del estrés.

Si crees que piensas demasiado es que estás pensando demasiado. Nos complicamos pensando mucho, llevando intenciones hasta los hechos sin contar con el otro, enredándonos en juicios y valores, suposiciones que son como supositorios para nuestro corazón. Esto nos aleja de escuchar, de sostener una mirada y apreciar la emoción que crece entre los dos, de permanecer en silencio, nos aleja de sentir profundamente y observar, en el ampliio sentido casi budista de contemplar. Lo podríamos hacer de vez en cuando, solo te digo que podemos dejar de pensar tanto de vez en cuando, un poquito, una “miajilla”, una “miqueta”. Esto también sería un entrenamiento.

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